¿El Tomismo Conduce al Catolicismo?


¿El Tomismo Conduce al Catolicismo?

por Norman L. Geisler

 

 

 

Tomás de Aquino, el gran filósofo y teólogo, era católico romano. Y existe un número creciente de eruditos nocatólicos que se han convertido en tomistas. Y algunos de estos se han convertido en católicos. ¿Hay una conexión lógica? ¿El tomismo conduce al catolicismo? Es natural que se quiera examinar esta conexión.

 

La Razón por la que Algunos Tomistas No-Católicos se Vuelven Católicos

 

Existen una variedad de razones por las que los no-católicos se vuelven católicos. Examinemos algunas de ellas. Existe el atractivo de la antigüedad, la unidad, la continuidad, la belleza, la fraternidad (o la paternidad), la intelectualidad y el deseo de certeza (ver Geisler, Is Rome the True Church? cap. 8). A cualquiera o más de estos apelan algunos evangélicos. Es de destacar que ninguno de estas o una combinación de ellas es una prueba válida de la verdad.

 

Pocos evangélicos se vuelven católicos porque se convencieron por el estudio de las Escrituras de que Roma es la verdadera Iglesia. Casi nadie razona su camino a Roma simplemente por un estudio objetivo de la evidencia. Por ejemplo, un converso reciente al catolicismo escribió: “Mi familia es católica. ¡Querían que volviera, y la Biblia dice que debemos honrar a nuestros padres!” Está claro que ninguna de estas razones es una buena prueba para la verdad de una religión por la misma lógica que alguien podría argumentar para convertirse en hindú, budista, o incluso un ateo, si su familia pertenecía a ese grupo. O bien, alguien podría convertirse en ortodoxo oriental, si estuviera buscando una tradición más antigua que la propia.

 

Hemos sopesado las muchas razones por las que algunos evangélicos se han vuelto católicos (en Is Rome the True Church?), y casi nadie dijo que fue porque el estudio de la filosofía tomista los condujo allí. En cuanto al atractivo de la tradición intelectual en el catolicismo, tengo un Ph.D. en filosofía de una institución católica (jesuita) y nunca he tenido la tentación de convertirme en católico. He utilizado mi formación académica en ambas tradiciones para compararlas (ver Geisler, Roman Catholics and Evangelicals: Agreements and Differences). Mi co-autor Ralph MacKenzie y yo tenemos el catolicismo en nuestro trasfondo. Hemos estudiado cuidadosamente ambos lados, y no vemos ninguna razón para nadar el Tíber.

 

Un converso reciente al catolicismo admite que no fue un buen razonamiento lo que lo llevó a Roma sino la fe. Él dijo: “Los discípulos falsos solo siguen a Jesús cuando están de acuerdo con sus enseñanzas. Si soy muy honesto, el racionalismo de mi fe evangélica me habría puesto en el primer campo (aquellos que lo rechazan porque es difícil de entender) porque rechacé la doctrina de la Presencia Real basada en argumentos teológicos (es una enseñanza penosa), en lugar de poner mi fe en Cristo que la enseñó” (énfasis añadido). Por supuesto, una vez que alguien pone su fe en el sistema romano (por la razón que sea), el resto forma parte de un paquete.

 

Cualquiera que sea la razón por la cual las personas se vuelven católicas, nunca he visto a nadie argumentar que el catolicismo romano fluya lógicamente de la filosofía tomista. La razón de esto es simple: no hay una conexión lógica entre ellos. El mismo Aquino dijo que no existe una conexión lógica entre el tomismo y el catolicismo romano. Además, la experiencia muestra que hay muchos tomistas que no son católicos.

 

La Distinción Tomista Entre Fe y  Razón

 

Tomás de Aquino creía que la fe y la razón eran dominios tan distintos que incluso la creencia en Dios no podía ser un objeto de la fe y la razón simultáneamente.

 

La Distinción Formal Entre Fe y Razón

 

Aunque Tomás de Aquino en realidad no separó la fe y la razón, sí las distinguió formalmente. Él afirmó que no podemos conocer y creer lo mismo al mismo tiempo. Porque “todo lo que sabemos con conocimiento científico [filosófico] propiamente dicho lo conocemos al reducirlos a los primeros principios que están naturalmente presentes en el entendimiento.” Todo conocimiento científico termina a la vista de algo que está presente [mientras que la fe siempre está en algo ausente]. Por lo tanto, es imposible tener fe y conocimiento científico [filosófico] sobre la  misma cosa.” (Ver Geisler, Should Old Aquinas be Forgotten, cap. 5).

 

El Objeto de la Fe está Más Allá de la Razón

 

Para Aquino, el objeto de la fe está por encima de los sentidos y la comprensión. “En consecuencia, el objeto de la fe es lo que está ausente de nuestro entendimiento.” Como dijo Agustín, creemos que lo que está ausente, pero vemos lo que está presente. Entonces no podemos probar y creer lo mismo. Porque si lo vemos, no lo creemos. Y si lo creemos, entonces no lo vemos. Porque “toda ciencia [conocimiento filosófico] se deriva de principios autoevidentes y, por lo tanto, vistos… Ahora,… es imposible que una y la misma cosa sea creída y vista por la misma persona.” Esto significa “que una cosa que es un objeto de visión o ciencia para uno, es creída por otro” (ibid.). No significa que una y la misma persona pueda tener tanto la fe como la prueba de uno y el mismo objeto. Si alguien ve racionalmente, entonces él no lo cree por el testimonio de los demás. Y si él lo cree en el testimonio de otro, entonces él no lo ve (conoce) por sí mismo.

 

Podemos Razonar acerca de la Fe pero no hacia la Fe

 

No obstante, “esto no impide la comprensión de alguien que cree que tiene algún pensamiento discursivo de comparación acerca de las cosas que él cree.” El pensamiento discursivo, o el razonamiento desde las premisas hasta las conclusiones, no es la causa del asentimiento de la fe. No obstante, tal razonamiento “puede acompañar el asentimiento de la fe.” La razón por la que son paralelos pero uno no causa el otro es que “la fe implica voluntad (libertad) y la razón no coacciona la voluntad” (ibid.). Es decir, una persona es libre de disentir aunque haya razones convincentes para creer.

 

La Razón No Puede Producir la Fe

 

La razón acompaña pero no causa la fe. “La fe es llamada consentimiento sin indagación en la medida en que el consentimiento de la fe, o asentimiento, no sea causado por una investigación del entendimiento.” Comentando en Efesios 2:8-9, Aquino sostiene que “el libre albedrío es inadecuado para el acto de fe ya que los contenidos de la fe están por encima de la razón… Entonces, la razón no puede llevar a alguien a la fe” (ibid., énfasis añadido). En el mejor de los casos, la razón es el preámbulo de la fe en Dios y en Cristo. Entonces, la fe cristiana como tal no se sigue lógicamente de la filosofía–incluso de la filosofía tomista. Lo mejor que la filosofía puede hacer es preparar el camino para la fe, pero lógicamente no conduce a la fe, y mucho menos a una fe en particular como la fe católica romana.

 

La Fe Va Más Allá de la Razón

 

Un argumento filosófico no contiene premisas tomadas de la fe. Se sostiene sobre sus propios dos “pies” filosóficos. Además, según Santo Tomás, las doctrinas únicas de la fe cristiana (como la Trinidad y la Encarnación de Cristo) no son el resultado de la razón humana. Ningún proceso racional, por sofisticado que sea, puede alcanzar estas doctrinas cristianas únicas. No son contrarios a la razón (ya que no hay contradicción en estas), pero van más allá de la razón. Dada esta diferencia entre lo que se puede conocer por la razón y lo que solo se puede conocer por la fe, es obvio que la filosofía tomista no conduce lógicamente al catolicismo romano.

 

Tomistas Quienes No Son Católicos Romanos

 

No solo no existe una conexión lógica entre tomismo y catolicismo, sino que históricamente no existe una conexión real para muchos filósofos tomistas que no han sido católicos. Eric Mascal era un tomista anglicano. David Johnson es un tomista luterano. John Gerstner, R. C. Sproul y Arvin Vos son tomistas reformados. Win Corduan y yo somos tomistas evangélicos. Thomas Howe y Richard Howe son tomistas bautistas. Joseph Holden es un tomista de Calvary Chapel. Mortimer Adler no vio contradicción en ser un tomista judío durante muchos años (antes de convertirse en católico), y así sucesivamente. Hay muchos más.

 

Es verdad que una cantidad de tomistas evangélicos se han convertido en católicos (por ejemplo, Thomas Howard, Jay Budziszewski y Frank Beckwith). Sin embargo, ninguno de ellos lo hizo porque los principios filosóficos del tomismo los condujeron allí. La verdad es que no hay una conexión lógica entre estos. La filosofía tomista como tal no conduce lógicamente o filosóficamente al catolicismo romano, así como no conduce a ser un presbiteriano o un bautista. Por lo tanto, si un tomista se convierte en católico, no se debe a ninguna necesidad filosófica que surja del tomismo.

 

Esto no quiere decir que algunos evangélicos que no tienen una historia litúrgica, estética o intelectual muy profunda no se sienten atraídos por el catolicismo. Algunos lo son, pero algunos también se sienten atraídos por la ortodoxia oriental o el anglicanismo. Pero muchos siguen contentos con su fe evangélica, y eso por buenas razones. El católico convertido Chris Castaldo expresó esto en su libro Holy Ground: Walking with Jesus as a Former Catholic cuando se regocijó en el sentido de liberación del ritual y de la culpa que nunca tuvo en el romanismo. Decenas de miles de excatólicos que se convirtieron en evangélicos se sintieron atraídos por las experiencias personales, basadas en la Biblia del evangelicalismo provistas con el simple mensaje del Evangelio y una relación personal con Cristo que obtuvieron a través de él.

 

Tengo una gran experiencia en el catolicismo, habiendo sido entrenado en dos instituciones jesuitas con un Ph.D. en filosofía de la Universidad de Loyola. Sin embargo, hay varias razones básicas por las que no me he sentido atraído por el catolicismo. Primero, estoy satisfecho de ser un evangélico doctrinal, experiencial y filosóficamente. Segundo, no he visto alguna razón convincente bíblica o de otra manera para tentarme a convertirme en católico. Tercero, mi estudio sistemático del catolicismo me ha convencido de que se basa en fundamentos no-bíblicos e irrazonables. Cuarto, nunca he tenido la tendencia a confundir el cordón y la gracia, o para conectar el ritual y la realidad muy de cerca. Finalmente, hay algunas doctrinas y prácticas católicas que considero no-bíblicas e incluso desagradables, como el purgatorio, orar por los muertos, indulgencias, venerar imágenes, orar a María, venerar a María, la asunción corporal de María, adorar a la hostia consagrada y la infalibilidad del Papa, por mencionar algunas.

 

Las Dimensiones Protestantes en Tomás de Aquino

 

Aunque no existe una conexión lógica entre la filosofía tomista y el catolicismo, he encontrado muchas similitudes filosóficas e incluso teológicas entre el evangelicalismo y la filosofía tomista que se me hacen atractivas como evangélico.

 

Santo Tomás era un católico pre-Trentino, parte de lo que podría llamarse la “Vieja Iglesia Católica” con la que los episcopales serían felices en la mayoría de los casos. Como tal, Aquino no estaba comprometido con la inmaculada concepción de María, la asunción corporal de María, la infalibilidad del Papa y otras idiosincrasias católicas. Además, Tomás de Aquino estaba comprometido con la sola Escrituras solas, la exposición de las Escrituras y otras doctrinas características del protestantismo (ver Geisler, Aquinas, ibid., cap. 4). Su Bibliología básica (menos los Apócrifos), Prolegómenos, Apologética, Teología Propia y Cristología son compatibles con el evangelismo.

 

De hecho, considero que la filosofía de Tomás de Aquino es un prolegómeno útil para la teología evangélica. Después de todo, Tomás de Aquino defendió el realismo metafísico, la visión de correspondencia de la verdad, la revelación de la proposición, la apologética clásica y el teísmo clásico–todos los cuales son útiles para defender las posiciones evangélicas. De hecho, se tiene que buscar duro, si no en vano, para encontrar un filósofo evangélico que pueda igualar a Aquino en estas áreas.

 

Pero lo que hoy conocemos como catolicismo “romano,” con su creencia en que las obras son necesarias para la salvación, la veneración y las oraciones a María, el culto de la hostia consagrada, la compra de indulgencias, el purgatorio, la adición de libros apócrifos (en apoyo a los que rezan por los muertos) a las Escrituras inspiradas, e inclinarse ante la infalibilidad del Papa, simplemente no puede competir con la simplicidad del Evangelio evangélico: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31). Y, “Todo el que oye mi palabra y cree al que me envió tiene [ahora mismo] la vida eterna. Él no viene a juicio, sino que ha [desde ese momento] pasado de la muerte a la vida” (Juan 5:24).

 

Por lo tanto, mi atracción por el tomismo es algo así como mi atracción por C.S. Lewis. Hay muchas cosas que me gustan de la visión de Lewis, por ejemplo, su apologética, su creencia en la verdad y la moral absoluta, su teísmo clásico, su defensa de los milagros del Nuevo Testamento, la afirmación del nacimiento virginal, la encarnación de Cristo, su creencia en la resurrección de Cristo, el castigo eterno (Infierno). Sin embargo, también hay algunas creencias de Lewis que no acepto, por ejemplo, su negación de algunos milagros del Antiguo Testamento, su creencia de que el AT contiene mitos y errores, y su creencia en la evolución, y en el Purgatorio. Pero ninguno de estos impide mi aceptación de los muchos valores positivos que encuentro en Lewis. Pero a pesar de mi aceptación de todas estas características positivas en Lewis, nunca he tenido la tentación de convertirme en anglicano (como lo era él).

 

Del mismo modo, muchos protestantes se identifican estrechamente con los escritos de San Agustín, pero no pensarían en tirar por completo su filosofía porque afirmaba ser católico, aceptaba los libros apócrifos, creía en la regeneración bautismal y otras enseñanzas católicas.

 

Entonces, a pesar de los muchos aspectos positivos de las creencias de C. S. Lewis, nunca me he visto tentado a convertirme en anglicano–ni siquiera en episcopal. Se puede sacar provecho de los puntos de las visiones filosóficas positivos de Lewis sin caer en visiones religiosas negativas. ¿Por qué tirar al bebé de la verdad con el baño de agua del error en el nombre de Aquino o Lewis?

 

Volverse de esto es Juego Limpio

 

Si bien estamos perdiendo algunas cabezas intelectuales en la parte superior del evangelicalismo hacia Roma, estamos ganando decenas de miles de conversos al evangelicalismo desde el fondo del catolicismo. El intercambio favorece mucho al evangelicalismo. Existen literalmente decenas de miles de católicos en América del Sur que se han convertido en evangélicos. Algunos países (como Brasil) son casi un tercio católicos ahora. Además, decenas de miles de estos conversos católicos terminan en una de las grandes iglesias evangélicas donde cantan música de alabanza centrada en Dios y se les enseña la Palabra de Dios. Esto es algo que Roma con todas sus capas de tradición ha perdido. Una vez que descubren que las obras no son una condición necesaria para la salvación (Romanos 4:5; Efesios 2:8-9; Tito 3:3-6) sino que somos salvos por la sola gracia a través de la sola fe, ellos se hacen grandes cristianos evangélicos. Se dan cuenta de que no podemos obrar para la gracia, pero que obramos desde la gracia. Una vez que aprenden que podemos tener vida eterna ahora (Juan 5:24) por fe y no tienen que obrar por esta o esperar hasta que mueran, ellos son exuberantes.

 

Por mi parte, doy la bienvenida a la renovación tomista en el evangelicalismo. En un mundo de experiencialismo, una toma del “racionalismo” tomista es más que bienvenida. Del mismo modo, el tomismo es un buen antídoto para el misticismo de la Nueva Era que ha penetrado en parte del evangelicalismo. Además, el énfasis del Doctor Angélico en la verdad objetiva y la revelación proposicional es una cura segura para el existencialismo barthiano que se ha infiltrado en la visión evangélica de la Escritura. Como lo expresó el tomista reformado John Gerstner, “Dios quiere alcanzar el corazón, pero no quiere eludir la cabeza en el camino hacia el corazón.” El tomismo definitivamente puede ayudar en esta sección. Por último, pero no menos importante, la metafísica tomista es la única respuesta sólida a la deriva hacia las visiones del Teísmo Abierto y del proceso de Dios. Por supuesto, Roma no está en el hogar soteriológico (salvación) o eclesiológicamente (iglesia), pero el tomismo abarca importantes verdades en Prolegómenos, Apologética, Teología Propia y Metafísica que los evangélicos necesitan desesperadamente hoy en día. En resumen, existe demasiado bien en las visiones de Tomás de Aquino como para estar cantando “¡Debería Olvidarse el Viejo de Aquino!”

 

Dr. Geisler es el autor de Should Old Aquinas Be Forgotten? Many Say Yes but the Author Says No (¿Debería el Viejo Aquino Ser Olvidado? Muchos Dicen Sí, Pero el Autor Dice No) (Bastion Books:2013), What Augustine Says (¿Qué Dice Agustín?) (Bastion Books:2013), Is the Pope Infallible: A Look at the Evidence (¿Es el Papa Infalible? Un Vistazo a la Evidencia) (Bastion Books:2012), Is Rome the True Church? A Consideration of the Roman Catholic Claim (¿Es Roma la Verdadera Iglesia? Una Consideración de la Afirmación Católico Romana) (Crossway Books:2008), y Roman Catholics and Evangelicals: Agreements and Differences (Católicos Romanos y Evangélicos: Acuerdos y Diferencias) (Baker Academic:1995). Para recursos adicionales por el Dr. Geisler sobre el Catolicismo Romano, favor de visitar http://normangeisler.com/rcc/

I am Put Here for the Defense of the Gospel: Dr. Norman L. Geisler: A Festschrift in His Honor


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I Am Put Here for the Defense of the Gospel: Dr. Norman L. Geisler:

A Festschrift in His Honor

Edited by Terry L. Miethe

Pickwick Publishers | 2016

480 pages

Order at Wipf&Stock and use “Geisler” as a 40% off coupon code!

Or purchase from AMAZON. 

Contents

Preface by Ravi Zacharias · xi

Introduction by Terry L. Miethe · xiii

Tributes to Norman L. Geisler

Thanks for the Memories by William E. Nix · xxi

A Tribute to Norman L. Geisler by Patty Tunnicliffe · xxiii

A Personal Story by John Ankerberg · xxvii

Yesterday, Today, and Forever: Personal Reflections on a Favorite Professor

by Timothy Paul Erdel · xxix

A Tribute to Dr. Norman L. Geisler by Mark M. Hanna · xxxii

Personal Experience with Norm by Grant C. Richison · xxxiv

Biographical Reflections about Norm Geisler by Winfried Corduan · xxxv

Norma Turbulenta: “Stormin’ Norman” by Donald T. Williams · xxxvii

Apologetics

chapter 1: Using Apologetics in Contemporary Evangelism by David Geisler · 1

chapter 2: Distinctive Elements of a Judaeo-Christian Worldview by William E. Nix · 22

chapter 3: Our Faith Seeks Their Understanding: Evangelistic-Apologetics & Effective Communication by Ramesh Richard · 57

Biblical Studies

chapter 4: Beware the Impact of Historical Critical Ideologies on Current Evangelical New Testament Studies by F. David Farnell · 76

chapter 5: Building Babel: Genesis 11:1–9 by Thomas Howe · 99

chapter 6: The Task of Bible Exposition by Elliott Johnson · 122

chapter 7: God’s Ultimate Purpose for Creation by Grant C. Richison · 135

chapter 8: Text Versus Word: C. S. Lewis’s View of Inspiration and the Inerrancy of Scripture by Donald T. Williams · 152

Philosophy

chapter 9: Some Features of Finite Being in St. Thomas Aquinas by Winfried Corduan · 169

chapter 10: Unamuno and Quine: A Meta-Philosophical Parable Concerning Faith, Reason, and Truth by Timothy Paul Erdel · 192

chapter 11: Open Theism, Analogy, and Religious Language by Joseph M. Holden · 204

chapter 12: Defending the Handmaid: How Theology Needs Philosophy by Richard G. Howe · 233

chapter 13: Aristotle: God & The Life of Contemplation, or What is Philosophy & Why is it Important? by Terry L. Miethe · 257

chapter 14: The Enlightenment, John Locke & Scottish Common Sense Realism by Terry L. Miethe · 281

Ethics

chapter 15: Big Data, Big Brother, and Transhumanism by J. Kerby Anderson · 297

chapter 16: Using Expository Preaching to Address Ethical Issues in Our Day by Walter C. Kaiser, Jr. · 307

chapter 17: Moral Absolutes and Moral Worth: A Proposal for Christian Ethics Inspired by Norman Geisler by Richard A. Knopp · 317

chapter 18: A Christian Response to Homosexuality by Patty Tunnicliffe · 346

Other Religions & Cults

chapter 19: Why They Blow Themselves Up: Understanding Islamic Suicide Bombers from a Christian Perspective by John Christian · 370

chapter 20: A Theological and Apologetical Assessment of Positive Confession Theology by Ron Rhodes · 382

Norman L. Geisler’s Impact

chapter 21: The Impact of Norman Geisler on Christian Higher Education by Wayne Detzler · 400

chapter 22: A Detroit Yankee in King Cotton’s Court: Love Expressed in the Thought and Writings of Norman Geisler by Paige Patterson · 417

Tabula Gratulatoria: Testimonials to Dr. Geisler’s Impact on our Time · 427

“Geislerisms” · 431

About Norman L. Geisler · 433

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Interview with Dr. Geisler regarding Thomas Aquinas


Thomas Aquinas: Christian History Interview – He’s Our Man
Evangelicals can embrace a rich inheritance from Aquinas.
by Norman L. Geisler
 
In a 1974 Christianity Today article marking the 700th anniversary of Aquinas’s death, author Ronald Nash said some nice things about the deceased but ultimately judged his system of thought “unsuitable for a biblically centered Christian philosophy” and “beyond any hope of salvage.” Norman Geisler disagreed with that assessment then, and he disagrees with it now. We asked Dr. Geisler, president of Southern Evangelical Seminary and author of Thomas Aquinas: An Evangelical Appraisal (Baker, 1991), for his evaluation of the Angelic Doctor. . .
 
 
 
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For additional resources by Dr. Geisler on Roman Catholicism, please visit http://normangeisler.com/rcc/.
 

Does Thomism Lead to Catholicism?


Does Thomism Lead to Catholicism?

By Norman L. Geisler

            Thomas Aquinas, the great philosopher and theologian, was a Roman Catholic.  And there are a growing number of non-Catholic scholars who have become Thomists.  And some of these have become Roman Catholic. Is there a logical connection?  Does Thomism lead to Catholicism? It is natural that one would want to examine this connection.

The Reason Some Non-Catholic Thomists become Roman Catholic

            There are a variety of reasons why non-Catholics become Roman Catholic.  Let’s examine some of them.  There is the appeal of antiquity, unity, continuity, beauty, fraternity (or paternity), intellectuality, and a desire for certainty (see Geisler, Is Rome the True Church? chap. 8).  Any one or more of these appeal to some evangelicals.  It is noteworthy that none of these or combination of them is a valid test for truth.

Few evangelicals become Catholic because they became convinced by the study of Scripture that Rome is the true Church.  Hardly anyone reasons his way to Rome purely by an objective study of the evidence.  For example, one recent convert to Catholicism wrote, “My family is Catholic.  They wanted me to return, and the Bible says we should honor our parents!”   It is clear that none of these reasons is a good test for the truth of a religion for by the same logic one could argue for becoming a Hindu, Buddhist, or even an atheist, if their family belonged to that group.  Or, one could become Eastern Orthodox, if he was looking for a tradition older than his.

We have weighed the many reasons some evangelicals have become Catholic (in Is Rome the True Church?), and almost no one said it was because their study of Thomistic philosophy led them there.  As for the appeal of the intellectual tradition in Catholicism, I have a Ph.D. in philosophy from a Catholic (Jesuit) institution and have never once been tempted to become a Roman Catholic.  I have used my scholarly training in both traditions to compare them (see Geisler, Roman Catholics and Evangelicals: Agreements and Differences). My co-author Ralph MacKenzie and I both have Catholicism in our background.  We have studied both sides carefully, and we see no reason to swim the Tiber.

One recent convert to Catholicism admits that it was not good reasoning that led him to Rome but faith.  He said, “The false disciples only follow Jesus when they agree with his teaching.  If I am very honest, the rationalism of my evangelical faith would have put me in the first camp (those who reject it because it is hard to understand) for I rejected the doctrine of the Real Presence based on theological arguments (It is a hard teaching), rather than placing my faith in Christ who taught it” (emphasis added).  Of course, once one places his faith in the Roman system (for whatever reason), the rest is all part of a package deal.

Whatever the reason is that people become Catholic, I have never seen anyone make the case that Roman Catholicism flows logically from Thomistic philosophy.  The reason for this is simple: there is no logical connection between them.  Aquinas himself said there is no logical connection between Thomism and Roman Catholicism.  Further, experience shows that there are many Thomists who are not Roman Catholic.

The Thomistic Distinction Between Faith and Reason

Aquinas believed that faith and reason were such distinct domains that even belief in God could not be an object of both faith and reason simultaneously.

The Formal Distinction between Faith and Reason

Although Aquinas did not actually separate faith and reason, he did distinguish them formally. He affirmed that we cannot both know and believe the same thing at the same time. For “whatever things we know with scientific [philosophical] knowledge properly so called we know by reducing them to first principles which are naturally present to the understanding. All scientific knowledge terminates in the sight of a thing which is present [whereas faith is always in something absent]. Hence, it is impossible to have faith and scientific [philosophical] knowledge about the same thing.” (See Aquinas, Should Old Aquinas be Forgotten, chap. 5).

The Object of Faith is Beyond Reason

For Aquinas, the object of faith is above the senses and understanding. “Consequently, the object of faith is that which is absent from our understanding.” As Augustine said, we believe that which is absent, but we see that which is present. So we cannot prove and believe the same thing.  For if we see it, we don’t believe it.  And if we believe it, then we don’t see it.  For “all science [philosophical knowledge] is derived from self-evident and therefore seen principles. . . . Now, . . . it is impossible that one and the same thing should be believed and seen by the same person.” This means “that a thing which is an object of vision or science for one, is believed by another” (ibid.). It does not mean that one and the same person can have both faith and proof of one and the same object. If one sees it rationally, then he does not believe it on the testimony of others. And if he believes it on the testimony of another, then he does not see (know) it for himself.

We Can Reason about Faith but not to Faith

Nonetheless, “this does not prevent the understanding of one who believes from having some discursive thought of comparison about those things which he believes.” Discursive thought, or reasoning from premises to conclusions, is not the cause of the assent of faith. Nonetheless, such reasoning “can accompany the assent of faith.” The reason they are parallel but one does not cause the other is that “faith involves will (freedom) and reason doesn’t coerce the will” (ibid.). That is, a person is free to dissent even though there may be convincing reasons to believe.

Reason Cannot Produce Faith

Reason accompanies but does not cause faith. “Faith is called a consent without inquiry in so far as the consent of faith, or assent, is not caused by an investigation of the understanding.” Commenting on Ephesians 2:8-9, Aquinas contends that “free will is inadequate for the act of faith since the contents of faith are above reason. . . . So, reason cannot lead someone to faith” (ibid., emphasis added).  At best, reason is the preamble to faith in God and in Christ.  So, the Christian Faith as such does not follow logically from philosophy—even Thomistic philosophy.  The best philosophy can do is to prepare the way for faith, but it does not logically lead to faith, let alone to a particular faith like the Roman Catholic Faith.

Faith Goes Beyond Reason

A philosophical argument contains no premises borrowed from faith.  It stands on its own two philosophical “feet.”  Further, according to Aquinas, unique doctrines of the Christian Faith (such as the Trinity and the Incarnation of Christ) are not the result of human reason.  No rational process, no matter how sophisticated, can attain to these unique Christian doctrines.  They are not contrary to reason (since there is no contradiction in them), but they go beyond reason.  Given this difference between what can be known by reason and what can be known only by faith, it is obvious that Thomistic philosophy does not lead logically to Roman Catholicism.

Thomists Who were Not Roman Catholic

Not only is there no logical connection between Thomism and Catholicism, but historically there is no actual connection for many Thomistic philosophers have not been Roman Catholic.  Eric Mascal was an Anglican Thomist.  David Johnson is a Lutheran Thomist.  John Gerstner, R. C. Sproul, and Arvin Vos are Reformed Thomists.  Win Corduan and myself are Evangelical Thomists.  Thomas Howe, and Richard Howe are Baptistic Thomists.  Joseph Holden is a Calvary Chapel Thomist.  Mortimer Adler saw no contradiction in being a Jewish Thomist for many years (before he became a Catholic), and so on.  There are many more.

It is true that a number of evangelical Thomists have become Roman Catholic (e.g., Thomas Howard, Jay Budziszewski, and Frank Beckwith).  However, none of them did so because the philosophical principles of Thomism drove them there. The truth is that there is no logical connection between them. Thomistic philosophy as such does not logically or philosophically lead to Roman Catholicism, any more than it leads to being a Presbyterian or a Baptist.  So, if a Thomist becomes a Roman Catholic, it is not because of any philosophical necessity arising out of Thomism.

This is not to say that some evangelicals who do not have a very deep liturgical, aesthetic or intellectual history are not attracted to Catholicism.  Some are, but some are also attracted to Eastern Orthodoxy or Anglicanism.  But many remain content with their evangelical faith—and that for good reasons. Converted Catholic Chris Castaldo expressed this in his book Holy Ground: Walking with Jesus as a Former Catholic when he rejoiced in the sense of liberation from ritual and guilt he never had in Romanism. Tens of thousands of former Catholics who have become evangelical were attracted by the personal, Bible-based experiences evangelicalism provided with the simple Gospel message and a personal relation with Christ they obtained through it.

I have a strong background in Catholicism, having been trained in two Jesuit institutions with a Ph.D. in philosophy from Loyola University. However, there are several basic reasons that I have not been attracted to Catholicism.  First, I am satisfied with being an evangelical doctrinally, experientially, and philosophically. Second, I have not seen any convincing reasons biblically or otherwise to tempt me to become Roman Catholic. Third, my systematic study of Catholicism has convinced me that it is based on unbiblical and unreasonable grounds. Fourth, I have never had the tendency to confuse lace and grace, or to connect ritual and reality very closely.  Finally, there are some Catholic doctrines and practices that I find unbiblical and even distasteful such as, purgatory, praying for the dead, indulgences, venerating images, praying to Mary, venerating Mary, the bodily assumption of Mary, worshipping the consecrated host, and the infallibility of the Pope—to mention a few.

The Protestant Dimensions in Thomas Aquinas

Even though there is no logical connection between Thomistic philosophy and Catholicism, I have found many philosophical and even theological similarities between evangelicalism and Thomistic philosophy that make it attractive to me as an evangelical.

Aquinas was a pre-Trentian Catholic, part of what may be called the “Old Catholic Church” with which Episcopalians would be happy on most counts.  As such, Aquinas was not committed to the immaculate conception of Mary, the bodily assumption of Mary, the infallibility of the Pope and a number of other Roman Catholic idiosyncracies.  Further, Aquinas was committed to sola Scripture, exposition of Scripture, and other characteristic doctrine of Protestanism (see Geisler, Aquinas, ibid., chap. 4).  His basic Bibliology (minus the Apocrypha), Prolegomena, Apologetics, Theology Proper, and Christology are compatible with evangelicalism.

As a matter of fact, I find Aquinas’s philosophy to be a helpful prolegomena for evangelical theology.  After all, Aquinas defended metaphysical realism, the correspondence view of truth, proposition revelation, classical apologetics, and classical theism—all of which are helpful to defending the evangelical positions.  Indeed, one has to search hard, if not in vain, to find an evangelical philosopher who can match Aquinas in these areas.

But what we know of as “Roman” Catholicism today, with its belief in works being necessary for salvation, the veneration of and prayers to Mary, the worship of the consecrated host, buying indulgences, Purgatory, adding apocryphal books (in supports praying for the dead) to the inspired Scripture, and bowing to the infallibility of the Pope, simply cannot compete with the simplicity of the evangelical Gospel: “Believe on the Lord Jesus Christ and you shall be saved” (Acts 16:31). And, “Whoever hears my word and believes him who sent me has [right now] eternal life.  He does not come into judgment, but has [already] passed from death unto life” (Jn. 5:24).

So, my attraction to Thomism is somewhat like my attraction to C.S. Lewis.  There are many things I like about Lewis’s views, e.g., his apologetics, his belief in absolute truth and morals, his classical theism, his defense of New Testament miracles, his affirmation of the Virgin Birth, the Incarnation of Christ, his belief in the resurrection of Christ, eternal punishment (Hell). However, there are also some of Lewis’s beliefs which I do not accept, e.g. his denial of some Old Testament miracles, his belief that the OT contains myths and errors, and his belief in evolution, and in Purgatory.  But none of these hinder my acceptance of the many positive values I find in Lewis.  But in spite of my acceptance of all these positive features in Lewis, I have never been tempted to become an Anglican (as he was).

Likewise, many protestant identify closely with the writings of St. Augustine, but would not think of throwing out his philosophy entirely because he claimed to be a Catholic, accepted books of the Apocrypha, believed in baptismal regeneration, and other Catholic teachings.

So, in spite of the many positive aspects of Aquinas’s beliefs, I have never been thereby tempted to become an Anglican—or even an Episcopalian.  One can profit by the positive philosophical views of Lewis without buying into negative religious views. Why throw the baby of truth out with the bath water of error in the name is Aquinas or Lewis?

 

Turn about is Fair Play

While we are losing a few intellectual egg-heads out the top of evangelicalism to Rome, we are gaining tens of thousands of converts to evangelicalism out of the bottom from Catholicism.  The trade-off highly favors evangelicalism. There are literally tens of thousands of Catholics in South America who have become evangelical.  Some countries (like Brazil) are nearly a third Catholic now.  Also, tens of thousands of these Catholic converts end up in one of the large evangelical churches where they are singing God-centered praise music and being taught the Word of God.  This is something that Rome with all its layers of tradition has lost.  Once they find that works are not a necessary condition for salvation (Rom. 4:5; Eph. 2:8-9; Titus 3:3-6) but that we are saved by grace alone through faith alone, they make great evangelical Christians.  They realize that we can’t work for grace but that we do work from grace.  Once they learn that we can have eternal life now (John 5:24) by faith and do not have to work for it or wait until they die, they are exuberant.

I for one welcome the Thomistic renewal in evangelicalism.  In a world of experientialism, a shot of Thomistic “rationalism” is more than welcome.  Likewise, Thomism is a good antidote for the New Age mysticism that has penetrated some of evangelicalism.  In addition, the Angelic Doctor’s emphasis on objective truth and propositional revelation is a sure cure for Barthian existentialism that has infiltrated the evangelical view of Scripture.  As  Reformed Thomist John Gerstner put it, “God wants to reach the heart, but he does not want to bypass the head on the way to the heart.”  Thomism can definitely help in this department.  Last but not least, Thomistic metaphysics is the only solid answer to the drift into Open Theism and process views of God.   Of course, Rome is not home soteriologically (salvation) or ecclesiologically (church), but Thomism does embrace important truths in Prolegomena, Apologetics, Theology Proper, and Metaphysics which evangelicals desperately need today.  In brief, there is too much good in Aquinas’s views to be singing “Should Old Aquinas be Forgotten!”


 

Dr. Geisler is the author of Should Old Aquinas Be Forgotten? Many Say Yes but the Author Says No. (Bastion Books:2013), What Augustine Says (Bastion Books:2013), Is the Pope Infallible: A Look at the Evidence (Bastion Books:2012), Is Rome the True Church? A Consideration of the Roman Catholic Claim (Crossway Books:2008), and Roman Catholics and Evangelicals: Agreements and Differences (Baker Academic:1995). For additional resources by Dr. Geisler on Roman Catholicism, please visit http://normangeisler.com/rcc/

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I Don’t Have Enough Faith to Be an Atheist


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I Don’t Have Enough Faith to Be an Atheist

by Norman L. Geisler and Frank Turek

Crossway Books, 2004

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Translations available:  Dutch, Korean, Portuguese and Romanian

Translation in Brazillian Portugese: Não tenho fé suficiente para ser ateu

Não tenho fé suficiente para ser ateu

Norman Geisler

Editora Vida

Idéias com o objetivo de destruir a fé cristã sempre bombardeiam os alunos do ensino médio e das universidades. Este livro serve como um antídoto excepcionalmente bom para refutar tais premissas falsas. Ele traz informações consistentes para combater os ataques violentos das ideologias seculares que afirmam que a ciência, a filosofia e os estudos bíblicos são inimigos da fé cristã.

Antes de tocar a questão da verdade do cristianismo, essa obra aborda a questão da própria verdade, provando a existência da verdade absoluta. Os autores desmontam as afirmações do relativismo moral e da pós-modernidade, resultando em uma valiosa contribuição aos escritos contemporâneos da apologética cristã.

Geisler e Turek prepararam uma grande matriz de perguntas difíceis e responderam a todas com habilidade. Uma defesa lógica, racional e intelectual da fé cristã.

from http://www.apologia.com.br/?p=33